EL INVERNADERO DE ROGRIGO DE LA CALLE

PARA NO IR EN VEGANO NI INVIEGNO

Paseo de los Rosales, 48. Collado Mediano Telf: 663283363 Web: http://www.elinvernadero-rdelacalle.com/
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Se considera uno de los restaurantes más especiales de España ya que su propuesta consiste en un Menú Degustación a base, únicamente, de vegetales, a excepción de la posibilidad de incluir un plato de carne y/o quesos.

Su concepto se describe perfectamente en su página web: cada día elaboramos un solo menú, en él, los platos entran y salen al antojo de la naturaleza, en todos y cada uno de nuestros platos los vegetales y hongos son los protagonistas, y la proteína animal un mero sazonador en forma de jugos, caldos, lácteos y grasas… aun así damos opción a incluir algún plato de carne, quesos…Los superalimentos de origen vegetal y fúngico controlan el hilo conductor de todas las elaboraciones, dando vida a un menú basado en la comida sana, rica y emocional

El Menú Vegetalia cuesta 88 Euros y, si le quieres añadir el plato de carne, algo que veo totalmente necesario para que no se te quede cara de hongo, debes pagar 32 Euros más.

Es decir, ese tentador y agradecido plato de carne cuesta, él solo, un 35% del precio del Menú Vegetalia.

Si quieres acompañar al Menú Vegetalia con el maridaje de vinos y licuados fermentados, sale a 130 Euros que, más la carne, sumaría 162 Euros.

La apuesta vegetal es arriesgada de cojones y es normal que, tras la experiencia, haya gente, como yo, que no vaya a volver nunca.

No hay duda que los vegetales son un producto complicado pues muchas veces pueden resultar insípidos. Y, o eres un genio como Michael Bras o Alain Passard, o la decepción del comensal puede ser severa.

Porque una cosa es crear, dentro de un Menú, varios platos a base de vegetales que resulten obras de arte, como puede ser el Gargouillou de Bras o la Ensalada tibia de tuétanos de verdura de Berasategui, y otra es el Menú Vegetalia, donde ningún plato resulta sobresaliente, sino que la mayoría se mueven en lo simplemente corriente.

Es más, por ejemplo en La Bien Aparecida, he probado platos de vegetales hechos por José de Dios que le dan mil vueltas en sabor a cualquiera de los platos del Menú Vegetalia.

Volviendo al restaurante que nos implica, os cuento un poco de cómo funciona, pues tiene su aquel.

El Invernadero se encuentra en Collado Mediano, a 50 kms de Madrid.

Eso hace que la mejor opción sea aprovechar y dormir en el hotel que hay en el mismo recinto.

Por surrealista que parezca, y pese a ocupar el mismo espacio, hotel y restaurante funcionan de forma independiente, por lo que, en principio, debes hacer cada reserva por separado.

Por tanto, y como fue mi caso, si cada reserva es conditio sine qua non de la otra, aseguraos bien de coordinar ambas y no pagar el hotel sin confirmación de mesa en el restaurante.

El Invernadero abre comidas y cenas de jueves a domingo.

Debido a que el restaurante solo dispone de 4 mesas, y que el hotel cuenta con no más de 10 habitaciones, se necesita bastante antelación para asegurar ambas reservas en fin de semana.

Si es verano, época en que realicé la visita, mi recomendación es reservar hotel para la noche del sábado y cenar en el restaurante.

El hotel es muy bonito y tranquilo, y cuenta con una pequeña piscina por lo que, un buen plan, es ir el sábado a media mañana, estar en la piscina (donde el silencio de las parejas que te observan al llegar incomoda un poco), comer, descansar, disfrutar en pareja, y luego ya ir a cenar.

Todo el recinto es pequeño, así que no os esperéis un Valdepalacios o Abadía Retuerta.

Obviamente, es un plan 100% para parejas.

Si es invierno, el plan será más acogedor pero también más limitado.

Al final, noche de hotel más cena, entre dos, saldrá a mínimo 350 Euros.

¿Merece la pena? Yo no me arrepiento pero, como antes decía, no lo volvería a hacer.

Al reservar en el Invernadero hay que adelantar 25 Euros por barba.

El restaurante ocupa un cubículo de cristal y, como antes indicaba, solo hay 4 mesas. En mi ocasión, las cuatro mesas éramos parejitas.

A nosotros nos sentaron al fondo, que creo que es la mejor ubicación por ser la más apartada y discreta. Como imaginaréis, en un espacio así, reina bastante el silencio.

Servicio joven y muy amable. Rodrigo de la Calle, el chef, sí estaba presente, aunque estaba ocupado atendiendo, prácticamente en exclusiva, a quien le lleva la comunicación, y eso que, ya encima, le pagas en dinero para que hable bien de ti y cuelgue fotos bonitas en las redes.

El menú empieza con unos aperitivos que se toman en la barra del restaurante. Por eso, cada pareja tiene su hora de llegada, como en el dentista, pues deben ir pasando de uno en uno.

Esta parte del menú fue la que más nos gustó. Recuerdo que ahí pensé: “va a ser una gran cena”. Una pena que, al final, se quedará en una mera ilusión, como les habrá ocurrido a los independentistas.

Apio y berros; Patata y alcaparra; Cebolla y anís; Auriculania y còdium, fueron varias de las ricas combinaciones.

Ya en mesa, lo que más me gustó del menú, sin que nada me entusiasmara, fue: Puerro y pimiento; Croqueta de espinacas; Arroz socarrat y ñora; Cebolla y trufa; Carrillera vegetal de lechuga asada.

Y también me gustó el plato de carne que consistía en una Carrillera. Claro que si piensas que te cobran 32 Euros por ese plato, es para indignarse.

El resto del menú, fue totalmente sin más, con platos como Aguacate y ruibarbo; Cerezas y friselina; Remolacha y manzana;  Nabo y maíz; Quinoa y llantén; Col china y huacatay; Rábano y sésamo.

En los postres, me gustó mucho el Huesito de cacao y alcachofas; y también estaba bueno el de Aguacate y limón. Flojo y absurdo el postre que se chupa de una piedra, como si imitara a la tierra, así como el postre de Maíz morado y venere.

Respecto a los vinos, la carta se compone de diez referencias, 3 champús, 4 tintos y 4 blancos. Todos ellos parten de los 40 hasta los 84 Euros. Nosotros optamos por dos blancos franceses.

Al final, la cena nos salió entre los dos a 248 Euros.

Pese a que no me convenció, debo hacer dos puntualizaciones:

La primera, es que entiendo que tenga una estrella Michelín. Lo que aquí crean es algo muy especial que se merece un reconocimiento, independientemente de que no me gustara. Otro tema es que no tenga sentido alguno que templos como Lera, D’Berto, Marinos José o Tasquita de Enfrente no tengan su estrella también.

Y la segunda, es que yo fui en julio que es, posiblemente, una de las peores épocas en lo que a vegetales se refiere. Imagino que, en temporada de setas, espárragos, guisantes, alcachofas, etc. el menú pueda estar más rico.

Una pena que, creo, no vuelva para comprobarlo.

Yo pagué: 125€ | Precio medio: 100€

Fecha de la visita: JULIO 2017