Madrid

SKINA

Lo más importante de un restaurante siempre debe ser la cocina pero, eso, no implica que no deban tenerse en cuenta otros factores a la hora de valorar un restaurante. Y entre esos otros factores, hay dos que deben destacar sobre el resto: la hospitalidad y vinos. Luego ya entran en juego otros aspectos como decoración y ubicación.

Pues Skina, para mí el mejor restaurante de Marbella, conjuga a la perfección todos esos factores, haciendo que una cena aquí alcance la valoración de 10 Lunas.

Empecemos por la cocina.

Skina no es el restaurante donde mejor se coma, ni es el más sorprendente o innovador, pero todos los platos de su menú degustación se mueven entre el notable alto y el sobresaliente, y eso es algo de lo que pocos restaurantes pueden presumir, ya que es frecuente encontrarte menús que alternan grandes platos con otros totalmente sin más.

Aquí el protagonista es el producto y el sabor, una regla que parece obvia pero que no siempre lo es, pues no son pocos los cocineros para los que, a veces, es más importante el paripé y la presentación del plato que su propio sabor.

En Skina hay dos tipos de menú: el de temporada, a 135€, y el menú a carta de 110€. Si al primero le añades un maridaje, totalmente recomendable, cuesta 199€.

Nosotros optamos por el Menú Temporada que, como obviamente indica su nombre, cambia continuamente en función del mejor producto disponible.

Empezamos con unos muy ricos aperitivos como la Morcilla de Ronda con manzana; Baguette con queso payoyo y arenque; Mollete de chorizo y queso. Gran comienzo.

Seguimos con una Ostra XL de Valencia, que estaba brutal, y un Gazpacho verde con quisquillas espectacular.

Pasamos al Huevo de campo, espardeñas y setas. Combinación nivel Dios.

Magníficos los Guisantes lágrimas en dos texturas.

Llega un mar de montaña excelente con la Gamba roja con papada y un muy sutil guiso de oreja que no se come el delicioso sabor de la gamba.

Pasamos un plato Chipé: Colmenillas y guiso de alubias.

A continuación nos sirven uno de los mejores Pichones que he probado.

Continúa el gran menú con Foie con dátiles que era tan bomba como Máximo Dios.

Y para acabar, un riquísimo Rodaballo con el jugo de sus espinas.

Los postres no bajan en absoluto el nivel, incluso lo suben, como las Fresas, violeta y sésamo negro; o el Chocolate crujiente, caliente y especias.

Delicioso menú, a un altísimo nivel.

Y ahora entra uno de los factores que en Skina alcanza el máximo nivel: la hospitalidad.

Al frente de Skina se encuentra Marcos Granda, propietario del restaurante. Marcos no es cocinero sino que su función es encargarse de que la sala funcione a la perfección. Aquí se cuidan absolutamente todos los detalles y, prueba de ello, es que cuando Cristina y yo llegamos a Skina y quise echar un cigarro antes de sentarnos, inmediatamente Marcos nos sacó una botella de un Riesling Scharzhof 2016 espectacular y nos sirvió parte de los aperitivos ahí fuera. Este detalle, que parece insignificante, en absoluto lo es. De hecho, el principal fallo de la mayoría de los grandes restaurantes es que te empiezan a servir los aperitivos antes que el vino. Odio que esto ocurra. Siempre, lo primero debe ser el vino y luego la comida, nunca al revés. Otro fallo con los vinos es que, a veces, tardan en rellenar la copa, algo que ocurre porque se empeñan en ponerte la botella a tomar por culo, por lo que dependes de la diligencia del camarero.

En pocos sitios he visto una hospitalidad al nivel de la de Skina, pudiéndose comparar con la de sitios del nivel del Celler de Can Roca, otro restaurante donde, por mucho número 1 que sea, sus 10 Lunas solo se entienden si se ponen en conjunto cocina, vinos y sala, pues la cocina no siempre alcanza el máximo nivel.

Y Marcos también se encarga de los vinos. Pocas veces vas a poder disfrutar de un maridaje tan espectacular como en Skina. Yo que casi nunca opto por el maridaje, en Skina me parece absolutamente fundamental. Vinazos descomunales que conjugan a la perfección con cada plato. Y dentro de los vinos, otro detallazo es la calidad de las copas de vino. Esto es algo en lo que uno no suele fijarse hasta que llegas a un restaurante en el que la cristalería tiene un protagonismo acorde al nivel de los vinos.

Y, por último, está la ubicación y decoración. Skina se encuentra en Marbella pueblo. Marbella no es solo playa, milla de oro o Puerto Banús. El pueblo es precioso y bien merece darse un paseo por sus preciosas callejuelas. Y en una de esos bonitos callejones está Skina.

Y en cuanto a la decoración, Skina es muy pequeño, con unas 6 mesas, lo que le hace muy acogedor. Además, en verano, para la noche montan varias mesas en la terraza, donde se está en la gloria.

Y esto es Skina, un restaurante que debe entenderse en su conjunto de cocina, servicio de sala, vinos y todos los detalles que existen en cada uno de esos tres factores.

Absolutamente imprescindible.

Por cierto, si queréis probar en Madrid un poco de lo que se vive en Skina, tenéis Clos (9 Lunas), que ha abierto este 2018 y pronto alcanzará una estrella, como en la casa madre.

Dirección: Calle Aduar, 12. Telf: 952765277

Web: www.restauranteskina.com

Yo pagué: 200€ | Precio medio: 200€

Fecha de la visita: MAYO 2018

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