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	<title>Francia &#8211; Dime un restaurante&#8230;</title>
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	<description>Por Alberto de Luna</description>
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		<title>DAVID TOUTAIN</title>
		<link>https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/david-toutain</link>
		<pubDate>Tue, 13 Mar 2018 09:45:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Francia]]></category>
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		<category><![CDATA[Paris]]></category>

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		<description><![CDATA[Fue el gran desastre de mi viaje a París. Tras elegir L’Astrance (8 Lunas) y Le Chateaubriand (5 Lunas), me...]]></description>
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<p>Fue el gran desastre de mi viaje a París. Tras elegir <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/lastrance">L’Astrance</a> (8 Lunas) y <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/le-chateaubriand">Le Chateaubriand</a> (5 Lunas), me recomendaron este como uno de los que más estaba dando de qué hablar. Tras mi visita, creo que solo tendría que dar que hablar para mal. <strong>No puedo arrepentirme más de haber tirado el dinero aquí.</strong></p>
<p>Eso sí, como era de esperar, tiene una estrella Michelin. <strong>Muchos de mis fracasos en el extranjero van de la mano de Michelin. </strong></p>
<p>El restaurante consta de dos plantas. Decoración estilo nórdico con mucha madera y hierros. <strong>Sitio bonito y agradable en general.</strong></p>
<p>Ambiente local y varias mesas de asiáticos, como siempre ocurre en los estrellas Michelin.</p>
<p><strong>Para cenar tiene dos menús, a 110 y 140€.</strong> Como siempre, hay que elegir el largo, aunque eso implique, a veces, tirar el dinero, como nos pasó aquí. Para más inri, nos preguntaron si queríamos suplemente de trufa para uno de los platos, y como buen gilipollas que soy, acepté. Otros 60€ más a la puta basura.</p>
<p>El menú empieza con unas <em>Maderas con salsifí al chocolate blanco</em>. <strong>No me gustó</strong> ese toque dulce para empezar una cena.</p>
<p>Los otros entrantes son <em>Huevo y maíz</em>; <em>Pan de gambas.</em> <strong>Ambos sin más.</strong></p>
<p><strong>Sin más también</strong> el <em>Caviar y tupinambo.</em></p>
<p><strong>Lo peor, y más caro,</strong> fue el <em>Falso rissoto de apionabo con castaña</em> y el antes mencionado extra de trufa. Odio estos trampantojos.</p>
<p>Luego llegó el <em>Bacalao con aguacate y pera</em>. <strong>Bueno el bacalao pero que si lo mezclabas con los otros ingredientes se convertía en un plato sin sentido.</strong></p>
<p><strong>Por fin llegó algo rico</strong>, cosa que no era difícil visto lo anterior, con la <em>Alita de pollo y cebolla</em>, así como la <em>Anguila ahumada con sésamo negro.</em></p>
<p>Volvió a la línea de disgustos con el <em>Puré de patata con pato y unos trozos de avellana</em> que se comían todo el sabor del puré.<strong> Otro sin sentido para cargarse el sabor que debía predominar.</strong></p>
<p>Menos mal que el menú acabó con un <strong>muy rico</strong> <em>Cordero</em>. Aunque ya no sé si realmente estaba muy rico o es que así me lo pareció por todo lo malo anterior.</p>
<p>De postre, primero llegó la <em>Coliflor, coco y chocolate blanco</em>. <strong>El meter esa verdura en el postre me mató.</strong></p>
<p>Luego llegó el postre de <em>Cítricos y cilantro</em>, que resultaba refrescante.</p>
<p>Y el último postre era <em>Chocolate con avellanas</em> que <strong>estaba bueno pero exactamente lo mismo que tomar un Ferrero Rocher</strong> en el Carrefour de enfrente.</p>
<p>Carta de vinos con precios de 70€ para arriba, por lo que elegí casi a ciegas un tinto de 80€ pues las referencias que conocía no bajaban de 130€.</p>
<p><strong>La cena, entre dos, salió a 425€.</strong> La bronca de Cristina que me tuve que comer de camino al hotel fue importante, y eso que no sabía aún que en los dos días siguientes le esperaban las tiradas de dinero en Astrance y Chateaubriand.</p>
<p>No volvería ni aunque me sobraran los millones.</p>
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		<title>LE CHATEAUBRIAND</title>
		<link>https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/le-chateaubriand</link>
		<pubDate>Mon, 12 Mar 2018 12:02:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Más de 100€]]></category>
		<category><![CDATA[Paris]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi primera opción como restaurante de menos de 100€, y colocado en el top 100 en The World’s 50 best...]]></description>
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<p>Mi primera opción como restaurante de menos de 100€, y colocado en el top 100 en <em>The World’s 50 best restaurants</em>, fue Septime, pero cerraba por Navidad, por lo que opté por mi segunda opción, <strong>Le Chateaubriand, del que me habían contado que era un restaurante donde comer muy bien, sin pagar un pastizal. Mentira. Se come totalmente sin más y pagas 120€ que, en absoluto, lo merecen.</strong></p>
<p>Lo que ya me parece de coña es que este 2018 haya ganado su primera estrella. Este restaurante en España jamás obtendría ese galardón. Por muchas vueltas que le doy, no logro entender qué ven los inspectores para darle la estrella y considerarlo uno de los mejores 100 restaurantes del mundo. No estaría ni entre los 100 mejores de España.</p>
<p><strong>El restaurante se encuentra en una zona alejada del centro y sin interés turístico.</strong></p>
<p><strong>Por dentro tiene aspecto de tasca rancia. Apenas tiene decoración y las pequeñas mesas se acumulan pegadas unas a otras. Muy poca comodidad que parecía no importar a las decenas de personas que abarrotaban el restaurante</strong>.</p>
<p>Tremendo e incomprensible el éxito de este sitio entre los parisinos. Al menos tenía buen ambiente joven.</p>
<p><strong>Al frente de la cocina se encuentra el español Iñaki Azpitarte, que ha encontrado la fórmula para ofrecer mediocre cocina española pero que guste a los parisinos y cobrarles 100€ y les parezca barato.</strong></p>
<p>Visto el éxito, entiendo que si Lakasa, Tasquita, Sacha o Cañadío abrieran en París, triunfarían como la Coca Cola. O quizás no. Yo ya no entiendo nada.</p>
<p><strong>Le Chateaubriand funciona con menú único a 75€, que así parece poco, pero luego la comida se te pone en seguida en 100€.</strong> Tremenda la caja que debe hacer Iñaki cada día, pues debe dar fácil de comer a más de 100 personas al día.</p>
<p>El menú varía cada día, por lo que también es cierto que la experiencia variará completamente dependiendo del día que vayas.</p>
<p>Empezamos con unos <em>Panecillos de queso</em> que estaban <strong>buenos</strong>, y un <em>Chupito de ceviche</em> <strong>simplemente correcto.</strong></p>
<p>Le siguen unas <em>Tortillitas de camarones</em> bañados en kilos de pimentón. Si los parisinos probaran unas buenas Tortillitas como las de Surtopía…</p>
<p>Pasamos a una Ostra con hierbas, y un <em>Consomé con ravioli de gorgonzola</em>; <strong>bien ambos. </strong></p>
<p><strong>Muy sin más</strong> los <em>Chipirones con alubias</em>, y el <em>Bacalao con champiñones.</em></p>
<p>Y el menú acaba con un <strong>correcto</strong> <em>Pichón</em> sin mérito alguno.</p>
<p>De postre, un <strong>buen</strong> <em>Tocino de cielo</em>; <em>Helado de calabaza</em>; y un simple <strong>trozo de mango.</strong></p>
<p><strong>Para beber, solo hay vinos ecológicos, de esos sin sulfitos que saben a zumo de uva.</strong></p>
<p><strong>242€ costó la cena entre dos.</strong></p>
<p>No quiero ser pesado, pero no encuentro mejor forma de explicároslo que diciendo que, a este precio, <strong>Le Chateaubriand no duraría un mes abierto en Madrid.</strong></p>
<p>Y así me despedí de París, con mil y pico euros menos en mi cuenta y con una mezcla tremenda de cabreo y decepción.</p>
<p><strong>Mi consejo:</strong> elegid lo que os apetezca en París pero si os fiáis de mí, jamás vayáis a David Toutain ni Le Chateaubriand, y si no os importa pagar 300€, <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/lastrance">L&#8217;Astrance</a> ( 8 Lunas) os gustará pero no creo que os compense.</p>
<p>Podéis llamarme paleto, pero volví a España pensando que somos afortunados por la excelente relación precio-placer que tenemos en España, normal que luego los franceses se vuelvan locos con nuestra gastronomía, aunque muchos no lo quieran reconocer.</p>
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		<title>L&#8217; ASTRANCE</title>
		<link>https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/lastrance</link>
		<pubDate>Fri, 09 Mar 2018 11:55:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Más de 100€]]></category>
		<category><![CDATA[Paris]]></category>

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		<description><![CDATA[Aunque hace poco os contaba mi decepción de febrero en Disfrutar (5 Lunas), el 2018 ya había empezado francamente mal...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[
<p>Aunque hace poco os contaba mi decepción de febrero en <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/disfrutar-2">Disfrutar</a> (5 Lunas), <strong>el 2018 ya había empezado francamente mal con mis tres experiencias en París</strong> (L’Astrance, David Toutain y Le Chateaubriand).</p>
<p>Tras acabar 2017 tocando el cielo con <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/asador-etxebarri">Etxebarri</a> (10 Lunas), <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/zuberoa">Zuberoa</a> (10 Lunas), <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/noor">Noor</a> (10 Lunas), <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/baga">Bagá</a> (9.5 Lunas), <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/bardal">Bardal</a> (9.5 Lunas), <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/la-tasquita-de-enfrente">Tasquita de Enfrente</a> (10 Lunas) y <a href="https://dimeunrestaurante.com/visitas/diverxo">Diverxo</a> (10 Lunas), el 2018 empezó siendo un absoluto desastre y, además, poniendo seriamente en riego mi relación con Cristina, pues estas decepciones han ido siempre acompañadas de auténticos sablazos. No os preocupéis, la boda sigue adelante.</p>
<p>Vayamos al 5 de enero 2018, fecha de mi visita a L’Astrance.</p>
<p>Con cada viaje, dentro o fuera de España,  siempre he elegido en cada ciudad el que fuera considerado el mejor restaurante. Sin embargo, tras París, esta práctica ya he decidido dejarla de lado en lo que respecta a mis viajes en el extranjero, pues me ha venido costando más dinero que alegrías.</p>
<p>Por tanto, antes de esta decisión y con mi viaje a París por Navidad, tocaba seleccionar un gran restaurante en la ciudad. La elección era muy complicada, pues estamos hablando de una de las cunas de la alta gastronomía.</p>
<p>Me recomendaron L’Arpege, pero el estar especializado en verduras me acojonó. También me recomendaron Guy Savoy, pero que el menú costara 400€ sin vino me requete acojonó. Igual que con Alain Ducasse. Otro que estuve pensando fue L’Atelier de Robuchon, pero el que tuviera sucursales por medio mundo me pareció demasiado comercial.</p>
<p><strong>Y entonces apareció un artículo de Matoses en El Mundo, donde ponía por las nubes a L’Astrance, llamándolo “El poema total”. Debo reconocer que ese artículo me puso bastante cachondo e inmediatamente decidí reservar allí</strong>. A Matoses le tengo como un máximo referente gastronómico, aunque tras ver que Disfrutar y L’Astrance los considera como sus mejores experiencias de 2017, está claro que, en algunos aspectos, como es normal, no tenemos los mismos gustos. Pero también es cierto que alguien que come un martes cualquiera en uno de esos restaurantes, como quien va a picotear algo a La Maruca, juega en otra liga.</p>
<p><strong>L’Astrance tiene 3 estrellas Michelin, ocupa el puesto 46 en <em>The World’s 50 Best Restaurants</em>, y es considerado uno de los grandes de Francia, por lo que su menú a 250€ me pareció de precio razonable,</strong> comparado con los otros que había visto.</p>
<p>Una vez decidido que L’Astrance sería mi elección, no os imagináis lo que me costó reservar mesa. En febrero 2018 ya han habilitado las reservas vía web (<a href="https://module.lafourchette.com/fr_FR/module/344379-2fe5f/2150497#/2150497/pdh">https://module.lafourchette.com/fr_FR/module/344379-2fe5f/2150497#/2150497/pdh</a>) pero a mí me tocó realizarla por teléfono, y tuve que hacer 15 intentos y estar 10 minutos en espera para conseguir hablar con el restaurante.</p>
<p><strong>L’Astrance se encuentra en una de las orillas del Sena, justo enfrente de la Torre Eiffel.</strong> Las vistas llegando al restaurante son espectaculares. Vistas que, sin embargo, no existen una vez dentro del restaurante, pues este se encuentra en un callejón.</p>
<p><strong>L’Astrance es un sitio agradable, pero en absoluto os esperéis un local precioso o espectacular. Desde luego, que no hay color si lo comparas con los locales de los 3 estrellas de España.</strong></p>
<p>Consta de dos plantas. A nosotros nos sentaron arriba, en la que me pareció la mejor mesa del restaurante. Una mesa redonda con un cómodo sofá en forma de U. La única pega es que, al estar solos ahí arriba, para pedir cualquier cosa (por ejemplo, que te sirvan más vino debido a esa costumbre de poner la botella lejos del alcance del comensal), había que esperar a que subiera un camarero.</p>
<p><strong>Ambiente variopinto</strong> que va desde un elegante matrimonio parisino, a una pareja de enamorados turistas alemanes a un grupo de chinos ataviados con gorras.</p>
<p><strong>Por las noches solo funcionan con Menú a 250€</strong>. En el extranjero ya sabéis que muchos grandes restaurantes tienen menús más baratos a mediodía, como aquí a 75€, pero yo cuando viajo prefiero pasear por la ciudad durante el día y dejar los restaurantes para la cena.</p>
<p>Servicio de sala bastante amable pero nada extraordinario. <strong>Especial mención al sumiller colombiano Alejandro Chávarro</strong>, quien nos ayudó bastante a la hora de elegir un bebercio que no costara un riñón. Además, tras la cena, nos bajó a saludar a un simpático Pascal Barbot quien nos enseñó la minúscula cocina donde trabaja. Perfectamente, podría ser la cocina más pequeña de un 3 estrellas.</p>
<p>El menú empieza con un plato legendario que es la <em>Tarte de setas de estación, foie gras y cítrico</em>. <strong>Está bueno pero ni de lejos me parece que llegue al nivel “leyenda”.</strong></p>
<p>Le siguen dos snacks que <strong>están buenos</strong>: <em>Cono de cítricos y tartaleta de trufa</em>, y un <em>Crujiente de azúcar.</em></p>
<p>Continúa con una <strong>rica </strong><em>Cigala en salsa de crustáceos y especias asiáticas</em>. <strong>Muy rica</strong> la <em>Meunière del siguiente plato de pescado</em>, <strong>si bien el pez en sí y el arroz que lo acompañaba no me parecieron gran cosa.</strong></p>
<p>Y luego vienen dos carnes para terminar: <em>Pollo y trufa</em>, y <em>Pato con tostada de sus hígados</em>. <strong>Muy ricos ambos</strong>.</p>
<p>Y de poste, una <strong>rica </strong><em>Tartaleta de clementina</em>, y <em>Puré de patata con helado de vainilla</em> que me pareció <strong>muy sin más.</strong></p>
<p>Como <em>petit fours</em>, su famoso <em>Huevo de leche con jazmín</em>, unas <em>Magdalenas</em>, y <em>Frutas varias.</em></p>
<p><strong>Y esto fue un menú de 250€ que, con dos botellas de vino, se puso en total, entre dos, a 666€, es decir, 333€ barba.</strong></p>
<p><strong>Por supuesto que cené bien, ya que casi todos los platos me parecieron bastante ricos, pero absolutamente ninguno me pareció nivel DIOS.</strong> Y qué queréis que os diga, pero en un 3 estrellas y a este precio, yo como mínimo espero levantarme 3-4 veces de la mesa para aplaudir el plato.</p>
<p>Por tanto no vi ni sentí eso que contaba el gran Matoses en su artículo: <em>Muy pocos disponen de tal precisión para presentar platos visualmente irresistibles que marcan el techo de la elegancia culinaria, elaboraciones que plantean nitidez en los sabores y donde cada aditamento tiene una misión perfectamente definida. La cocina de Barbot es como un poema donde no escasea la austeridad ni el triunfo silencioso de la intimidad&#8230; Composiciones que conmocionan por su naturalidad, por su aparente fragilidad y por su calidez.</em> <em>No se puede expresar más con menos. Un repertorio que es elocuencia susurrada; preparaciones desnudas, directas y valientes con un resultado tan sugerente como disfrutable. Cada plato es un destello delicado y minucioso que pone al comensal donde nunca hubiera imaginado; el equilibrio de sabores explosivos y concentrados, como tallados en cada receta.</em></p>
<p>Salvo que me sobrara mucho el dinero, no volvería a cenar aquí. Y respecto a si me arrepiento de haber ido, pues sí, porque la verdad es que, aunque casi todo estuvo rico, no me aportó lo suficiente para pagar 666€, que es mucha lana. Por ahora, en Francia el que más me ha gustado y sí considero que merece la pena totalmente es <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/bras">Bras</a> (10 Lunas).</p>
<p>No obstante, todo esto no quita que, objetivamente, L&#8217;Astrance se merezca claramente 8 Lunas.</p>
<p>Obviamente no conozco todos los grandes restaurantes de París pero tras varios viajes a esta ciudad,<strong> saco estas conclusiones:</strong></p>
<p><strong>&#8211;</strong> Los restaurantes de París <strong>son caros de cojones y, en egeneral, no valen lo que cuestan</strong>. Hay quien te justifica esos precios diciendo: “es que es París”. Pues muy bien, que lo paguen ellos. Pero a mí no me engañan.</p>
<p><strong>&#8211; París siempre ha sabido venderse como el mejor, a diferencia de España, donde las envidias y complejos de inferioridad nos han hecho mucho daño</strong>.</p>
<p><strong>&#8211;</strong> Los que se consideran en España como grandes entendidos de la gastronomía, esos académicos que, como siempre digo, se creen con la verdad absoluta, dirán que la gastronomía de París es única y maravillosa, aunque no lo piensen realmente, pero jamás se atreverían a decir lo contrario. Hay que aparentar ser un entendido y menospreciar y reírse de quienes no piensan como ellos. <strong>Por eso insisto en que muchas veces el enemigo de nuestra cocina española lo tenemos dentro de casa.</strong></p>
<p><strong>&#8211; La relación precio-placer de España le da un millón de vueltas a París</strong>. Solo pensar que acabo de estar disfrutando a nivel MÁXIMO DIOS en el <a href="https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/el-celler-de-can-roca">Celler de Can Roca</a> por el mismo precio que en L’Astrance ya os dice todo.</p>
<p><strong>&#8211; Moraleja:</strong> que no os engañen con París y, salvo que os sobre mucho el dinero, no os gastéis dinero en alta cocina allí. Las posibilidades de decepción a coste de 400€ son muy altas. Dadle a Bistrot clásicos y agradables donde, sin llevar altas expectativas, seguro que cenaréis bien, asumiendo siempre un pequeño sobre coste que llevan todos los precios en París.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>BRAS</title>
		<link>https://dimeunrestaurante.com/restaurantes/bras</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Oct 2014 06:20:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Francia]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://dimeunrestaurante.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/10/BRAS-CUENTA.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-6148" src="https://dimeunrestaurante.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/10/BRAS-CUENTA-300x225.jpg" alt="BRAS CUENTA" width="300" height="225" srcset="https://dimeunrestaurante.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/10/BRAS-CUENTA-300x225.jpg 300w, https://dimeunrestaurante.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/10/BRAS-CUENTA-1024x768.jpg 1024w, https://dimeunrestaurante.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/10/BRAS-CUENTA-624x468.jpg 624w, https://dimeunrestaurante.com/wordpress/wp-content/uploads/2014/10/BRAS-CUENTA.jpg 1280w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>

<p class="description">A todas las parejitas que me leéis, os voy a proponer un planazo para volveros a enamorar: ir un fin de semana al hotel-restaurante Michel Bras en Francia.</p>
<p>Este restaurante, galardonado con 3 estrellas michelín y considerado top mundial, se encuentra en la zona de Montpellier, concretamente en Laguiole (Aveyron-Aubrac), un pueblo perdido de la mano de Dios que es famoso por sus chuchillos que encontraréis en sitios como DiverXo y que se caracterizan por una pequeña figura de una abeja en la base. Cuestan de media, ¡ojito! 300€. Como es tradición allí, el cuchillo no te lo cambian en toda la comida.</p>
<p>¿Cómo llegar hasta allí? Coges el tren desde Madrid hasta Montpellier (5 horas), allí alquilas un coche, una hora de autopista pasando por el famoso acueducto de Millau y luego por carreterillas, atravesando pueblos preciosos como Espalion, y así hasta llegar a la casa-restaurante de los Bras, que por supuesto está montado para dormir allí, y es lo que hay que hacer. Hotelazo con mayúsculas a 290€ la noche. Lo bueno se paga.</p>
<p>Con esta visita a Bras voy cumpliendo mis sueños gastronómicos. El primer sueño cumplido fue conocer El Bulli (2011) y luego se han cumplido mis otros sueños: Celler de Can Roca, DiverXo –estos dos ya visitados en multitud de ocasiones- y ahora Bras. Mi top 3 hasta el momento.</p>
<p>Pronto llegarán otros sueños como visitar Alinea en Chicago, Osteria Francescana en Italia o los triestrellados de Tokio.</p>
<p>Respecto de Bras se ha escrito mucho y hay muchas opiniones en español en la red. Y sorprendentemente gran parte de ellas son negativas: que si unos llegaron tarde y les trataron mal, que si el servicio es muy borde, que si a uno le dolía la barriga y no le cambiaron ningún plato del menú, que si otro estuvo esperando dos horas entre plato y plato, que si los quesos no estaban afinados&#8230; Ni puto caso. Con mi lema «La verdad de los restaurantes siempre conmigo» os puedo asegurar que Bras es único.</p>
<p>El genio y maestro Michel Bras se ha retirado y ahora las riendas las lleva su hijo Sebastian. Hay incluso un documental sobre el relevo de padre a hijo («Entre les Bras»). Algunos críticos dicen que el nivel ha bajado desde que el padre no está al pie del cañón. Pues si ahora es de diez, no me quiero imaginar cómo era antes, en los 80 y los 90, cuando iban Ferrán Adriá y Juli Soler a inspirarse. Desde luego que este cambio generacional es mucho mejor que el realizado en Arzak con el relevo de Elena, la hija de Juan Mari. Arzak no merece la pena y Bras lo merece todo.</p>
<p>Sobra decir que hay que pedir el menú «Balade», el largo, a 209 €.</p>
<p>A las 20:30 el primer pase, los aperitivos, que se toman en el comedor acristalado. Y poco a poco los clientes van pasando, mesa por mesa, al comedor principal.</p>
<p>Sin casi esperar, mientras la deliciosa mantequilla que ponen de aperitivo se va derritiendo, te plantan un plato que se llama «le gargouillou des jeunes légumes». Un clasicazo, un mito, imitado en miles de restaurantes: la menestra en texturas. Alucinante.</p>
<p>A continuación, sin casi tiempo de asimilar ese platazo, continúa el menú con un rodaballo (filet de turbot) de quitar el hipo.</p>
<p>Un poco de pausa, y seguimos con el «ni caliente ni frío»: un pedazo de foie gras de canard «grillé». No probareis cosa igual.</p>
<p>Tras un entrante, pescado y carne –todo en raciones grandes- pienso: “joder esto se acaba”. Pues no parejitas, luego viene otro manjar: colmenillas con una salsa de no sé qué leches que era Dios.</p>
<p>Pero esto sigue. Llega el filet de boeuf, ¡qué carne madre mía!. Y acompañando al aligot, una especia de puré de patata con queso que está para relamer el puchero.</p>
<p>Acaba la comida propiamente dicha y llega la tabla de quesos, para volverse loco.</p>
<p>Y llega el postre. ¿Y sabéis quién inventó el coulant? Fue Bras en 1981. Chocolate y leche de coco. Acojonante.</p>
<p>Y ahora toca otro postre, «tout lait».</p>
<p>Y cuando crees que vas a reventar, te traen un carrito de mini helados para que te tengan que llevar en grúa a dormir la mona en la habitación.</p>
<p>Respecto a los vinos, me sorprendió la poca variedad de champú (champagne, para los que sois de Burgos), y los poco que había -no más de 15- a un mínimo de 200 € la botella. Nosotros nos dejamos aconsejar por Sergio Calderón (argentino), que hace las veces de sumillier y jefe de sala. El resultado fue un excelente Borgoña blanco, Roulot 2007 (66€). Luego cayeron varias copas sueltas de vino tinto francés.</p>
<p>Y para terminar, pasada ya la una de la mañana, y de vuelta al comedor acristalado, un armañac mientras la niebla de los campos de Laguiole apenas deja ver algo de luz exterior.</p>
<p>Servicio excelente, camareros jóvenes muy amables, casi todos chapurreando el español, y visita de vez en cuando de la encantadora mujer de Sebastian para comprobar que todo iba a nuestro gusto.</p>
<p>Es momento de irse a la habitación y bajar la comida haciendo el amor.</p>
<p>Y finalmente al día siguiente te levantas y bajas a desayunar. Te sientan en la misma mesa donde cenaste y te traen un desayuno espectacular: mantequilla, bollería, queso, paté y embutidos.</p>
<p>Y el viaje se acaba y toca vuelta a Montpellier, pasando por Roquefort, el pueblo del queso, y por Peyre, un pueblo troglodita incrustado literalmente en la ladera de una montaña.</p>
<p>Y volveréis a la cruda realidad madrileña. A trabajar. Y lo haréis más enamorados. Y os durará un tiempo, porque el enamoramiento es lo que tiene, que no es para siempre.</p>
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