IMÀGO

BUEN ESTRELLA MICHELÍN CON IMPRESIONANTES VISTAS DE LA CIUDAD

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En mi última visita a Roma iba con mis padres así que quería llevarles a un sitio especial. Creo que si puedes permitírtelo, siempre que uno viaja unos días a cualquier ciudad europea, al menos una noche hay que intentar cenar en el mejor de la ciudad y si encima es bonito o especial, mejor.

Por especial entiendo que te haga sentir que estas en esa ciudad europea.

Me explico. Si un turista viene a Madrid y va a cenar a Santceloni, un bajo de un hotel sin ventanas, cenará bien (aunque le cobren 250 euros) pero mientras cena, en ningún momento sentirá que está en Madrid pues al ser un local cerrado podía estar en Madrid como en Burgos.

Pues bien, en Roma tenía dos opciones. LA PÉRGOLA que tiene 3 estrellas michelín y es considerado de lo mejor de Italia. Lo malo es que cuesta 300 euros por barba y  está algo alejado del centro aunque tiene preciosas vistas; o IMÀGO, con 1 estrella michelín, encima de Plaza de España y con unas vistas brutales.

Finalmente, por ubicación, me decanté por IMÀGO y creo que fue una decisión acertadísima.

Está situado en la última planta del Hotel Hassler (5 estrellas), justo subiendo las escaleras de Plaza de España. Por tanto, la ubicación no puede ser más espectacular.

Llegamos a las 21:30 y el restaurante ya estaba lleno y es que en Italia también se empieza a cenar sobre las 20:30.

Es obligatorio llevar chaqueta, que no corbata.

El ambiente es de lujo total, con camareros de chaqué, luz suave…un tipo de ambiente que en España, solo en Zalacaín o Horcher se podría encontrar. Casi todas las mesas eran parejas de extranjeros; de hecho no creo que hubiera un italiano cenando. No me extrañaría que cada noche haya una pedida de matrimonio en IMÀGO pues el sitio es ideal para eso.

Yo me inventé que era el cumpleaños de mi madre para pedir que por favor me intentaran dar una mesa con vistas espectaculares….y toma! la mejor mesa del restaurante fue para mí, justo en la esquina del restaurante, con el Vaticano de fondo por un lado, y la iglesia de la Plaza de la Trinitá a tiro de escupitajo por el otro lado, y justo debajo Plaza de España.

INOLVIDABLE.

Ojo, yo fui de noche pero a mediodía las vistas deben ser brutales pues se verá todo con más claridad. Lo malo de un mediodía es que ya pierdes media tarde comiendo en el restaurante.

Paso ya a contaros la cena.

Nada más sentarnos, viene el sumiller con un carrito enorme con varias botellas de champagne. Pese a saber que no éramos spaguettis, nos empezó a explicar en italiano los distintos champagnes que había en el carro, que si Perignon, que si Louis Roeder…etc. Y entonces nos pidió que eligiéramos cuál queríamos. Es decir, en ningún momento nos preguntó si queríamos champagne de aperitivo, lo que hizo fue decirnos directamente que eligiéramos cuál queríamos, lo que parecía una clara señal de que era un aperitivo de la casa así que elegimos.

¿Qué creéis ,que era invitación de la casa o no? Pues claro que no!! 23 euros cada copa de champagne!! Total que la cuenta subió 100 euros por las 4 copas que tomamos. Yo, que ya tengo percebes en los cojones de ir a tantos restaurantes de este nivel, me olía que esto no iba a ser gratis pues no hay mayor error en un restaurante caro que pedir una copa de vino mientras lees la carta pues esa copa te costará casi un cuarto de lo que luego te costará la botella. En el caso de IMàGO, en ese ambiente y con el problema del idioma, no hubo huevos de preguntarle al sumiller si esa copa era invitación de la casa, así que asumiendo que era una situación especial, nos limitamos a tomarla disfrutando de las vistas.

Respecto a la comida, puedes pedir a carta o tomar menú degustación a 140€. Ya sabéis que yo siempre soy partidario de los menús para probar lo máximo posible, así que allá que nos decidimos.

La carta viene en italiano y en inglés y la verdad es que es muy difícil que leyéndola te enteres de todos los platos así que es mejor cerrar los ojos y esperar disfrutar.

De snacks te ponen una burrata hecha como mantequilla con unos picos de pan que era para comer sin parar. Otro snack de bacalao estaba buenísimo.

En cuanto al menú propiamente dicho, son 8 platos y un par de postres así que uno sale bastante lleno.

Empezamos por un buen trozo de foie. Rico pero como cualquier buen foie de oca que puedes comprar en una tienda gourmet.

Seguimos con un rico tartar de gamba y luego unas riquísimas vieiras braseadas.

Pasamos a un ravioli de queso con una fuerte salsa de atún y doble malta. Bueno aunque estaba mejor el rissoto que vino a continuación.

Algo flojo un plato de pasta con ajo y aceite. Demasiado simples.

Para acabar, un buen bacalao negro y un gran pichón.

Los postres, dulces como a mí me gustan. Fue curioso que tras servirnos toda la cena camareros que nos hablaban en italiano o en inglés sin apenas entenderles, para los postres vino un camarero español. Joder, haber traído a ese camarero antes!

Entre 4, con 2 botellas de vino, un sauvignon italiano de 42 € y un riesling de 45 €, y con dos copas de vino dulce que no debimos pedir pues cada una costaba 15 €, salimos a 800 euros.

Por tanto, si no llega a ser por el timo de las copas de champagne del aperitivo ni por el error del vino dulce, la cena habría salido a 650 €, es decir 163 € por persona, lo que creo que es un precio inmejorable para cenar en un estrella michelín de Roma viendo toda la ciudad.

Lo recomiendo totalmente. Por cierto, yo reservé vía mail con un mes de antelación.

Yo pagué: 200€ | Precio medio: 170€

Fecha de la visita: 2013