CULLER DE PAU

MERECIDA ESTRELLA MICHELÍN AL LADO DE O'GROVE

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En Galicia hay varios restaurantes con estrella michelín entre los que destaca Casa Solla (San Salvador de Poio, Pontevedra) al ser considerado el mejor restaurante de Galicia, el cual tengo pendiente de visitar.

Otro famoso es Yayo Daporta (Cambados) cuyo chef sale en TopChef.

Hay más sitios con estrella por esta preciosa tierra como Maruja Limón (Vigo), As Garzas (Malpica, Coruña), etc.

Yo nunca había estado en un estrella en Galicia y mi elección fue El Culler de Pau (O`Grove). En circunstancias normales obviamente mi primera opción habría sido Solla pero el motivo de mi viaje a Galicia no era ir a un estrella sino ir a la mejor marisquería de España: D’Berto. Y este restaurante se encuentra en O’Grove por lo que lo que procedía era ir a un estrella que estuviera cerca.

Ir un fin de semana a O’Grove en noviembre (la mejor época para marisco) y cenar viernes en Culler de Pau y comer sábado en D’Berto es un planazo. Lo malo es la distancia pues O’Grove está a tomar viento de Madrid (mínimo 5 horas de coche) aunque a mí me compensa el viaje.

Culler de Pau se encuentra a 9 € en taxi desde O’Grove. Déjate de coche y vete en taxi.

El restaurante ocupa una especie de cubo moderno en medio de una carretera. Por dentro la sala es muy agradable. Pequeña pero amplia, con pocas mesas y con unos grandes ventanales que ofrecen vistas al mar. Me gusta. De noche no se ve un carajo pero si vas por el día pide mesa en ventana sí o sí.

Nosotros éramos cinco y nos sentaron en una mesa redonda. Perfecta.

Todo hacía indicar que iba a ser una gran cena hasta que llega el jefe de sala y nos dice que el chef, Javier, está de viaje y no se encuentra en la cocina por lo que no pueden ofrecer el menú largo (80 €) si no solo el corto a 48 €.

En ese momento se me pusieron las venas como macarrones. Quería montar en cólera. Un puto viernes por la noche, ¿el chef no está? ¿y no avisan? Vengo desde Madrid para cenar en este restaurante y tomar su menú largo ¿y me dicen que no puedo? Manda huevos.

Cada vez es más frecuente ver a los chefs quejarse por twitter de clientes que no aparecen o de mesas anuladas en último momento. Por eso los grandes restaurantes están implantando reservar con la tarjeta de crédito y si no vas, te cobran un importe. Me parece perfecto. ¿Pero por qué no se habla de que no esté el chef en el restaurante? Porque me parece igual de grave. Un chef debe descansar en los días que el restaurante cierra y si aparte tiene algún viaje, deben avisar a los clientes que esa noche no va a estar el chef ya que a lo mejor algunos elegimos no ir a cenar ese día. Y si no quieres avisar por miedo a que entonces no vaya ni Cristo, haz un descuento en carta.

Este cabreo inicial luego se suavizó cuando cenamos de maravilla y además a última hora apareció Javier que venía de rodar Masterchef Junior. Un detalle que, aunque fuera tarde, apareciera en el restaurante.

Debido a que no podíamos tomar el menú largo y que el corto nos parecía demasiado corto, sugerimos tomar varios entrantes de la carta –y es que aparte de los dos menús se puede comer de carta-. Tras varios minutos hablando con el jefe de sala para explicarle lo que queríamos hacer –a veces hay jefes un tanto cuadriculados que cuando les sacas de lo estándar se bloquean- decidimos añadir tres entrantes y cambiar una carne del menú (solomillo por cordero).

Como entrantes, fuera de menú, tomamos:

Croquetas con la carne del cocido (15 €). Ración generosa. La croqueta es pequeña, de bocado. Muy rica.

Vieira sobre jugo de cebolla tostada y fina lámina de tocino (14€ / unidad). Buenísima.

Pulpo a feira (17,50 €). Perfecto.

Acierto absoluto el haber probado estos tres platos como entrantes previos al menú porque nos encantaron. También como entrante invitación de la casa nos pusieron unos mejillones enormes y riquísimos y una especie de gazpacho frío normalito.

Y ahora sí, pasamos al menú corto de 48 €.

Empieza con jurel marinado con encurtidos, tomate seco y cogollo de lechuga. Rico.

Pasamos al huevo a la carbonara de queso San Simón y migas de pan. Delicioso.

Llega el bonito de Burela con mantequilla de algas y calabacín. Espectacular. No recuerdo haber tomado un bonito tan bueno.

De carne, el menú lleva solomillo de ternera. Me pareció sin más. Perfecto de punto pero algo insípido.

Como me olía que el solomillo no iba a ser gran cosa lo cambié –con un suplemento de 12 € ¡manda huevos!- por el cordero lechal con polenta de maíz y mantequilla de especies y anchoas. Sin ser espectacular, estaba muchísimo más rico que el solomillo.

De postres, un cremoso de fresa y sorbete de frambuesa que venía muy bien para refrescar, y luego un postre a base apio helado, caramelo, chocolate blanco y yogur. Yo siempre necesito un postre muy dulce y este estaba riquísimo.

Mención aparte merece la bebida. Como sumiller nos encontramos todo un personaje. El tipo es un chaval que parece sacado del instituto y que habla de una forma rara por lo que no se le entiende. Primero porque no vocaliza –como muchos gallegos cerrados- y segundo porque se mueve-baila al hablar del vino. Me imagino a Matoses cenando y le aparece este sumiller y se lo cena con patatas. De todas formas, una vez le coges el truquillo y te ganas su confianza, el tío resultó ser muy bueno y nos eligió vinos fantásticos. A destacar un Albamar (28 €), un Kaefeer Kopf Grand Cru (45 €), un Niepoort de Navazos y Dorado, un vino espectacular.

Con muchísimo vino y varios Gintonics a 12 € cada uno, entre cinco, la cuenta salió a 122 € por barba. Buena ostia si tenemos en cuenta que el menú corto costaba solo 48. No nos invitaron ni al café. Detalle feo. Y no lo digo por el dinero sino porque tras gastarte semejante dinero en cena y vino, que te inviten al Gintonic que a ellos les cuesta 2 duros, es algo que siempre gusta.

En resumen, pese a la ausencia del chef, fue fantástica cena en un estrella michelín que merece mucho la pena. Para repetir.

Yo pagué: 122€ | Precio medio: 60-100€

Fecha de la visita: Septiembre 2014