MIRAMAR

DECEPCIÓN. CRÓNICA DE CÓMO UN MAL SERVICIO TE ARRUINA UNA CENA EN UN 2 ESTRELLAS

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Siguiendo con el objetivo de conocer todos los 2 estrellas de España, he puesto el punto de mira en Cataluña ya que esta es la comunidad que cuenta con más biestrellados, concretamente seis: Miramar, Les Cols, Abac, Enoteca, Lasarte, Moments.

Miramar se encuentra a tomar por culo de Madrid, concretamente en LLançà, provincia de Gerona, ya llegando a Francia. Gracias al bendito AVE puedes ir en tren hasta Figueras y luego alquilarte un coche o coger un bus a Llançà que se encuentra a 20 minutos.

Para alojaros, os recomiendo el Hotel Grifeu (habitación con vistas al mar) y que se encuentra a 4 mins en coche de Miramar.

Lo perfecto es ir a conocer Miramar en verano ya que así se aprovecha la estancia yendo a la playa. Pensad que solo ave y hotel son más de 200 €, que sumado a la cena suponen unos 450 €.

Miramar se encuentra en pleno paseo marítimo de LLançà, un pueblo costero que hace unos años estaba lleno de turistas y que ahora está un poco de capa caída según me comentaron algunos vecinos.

Lo que sí pude comprobar es que para ser pleno julio, el pueblo estaba muerto. De hecho tras la cena fuimos al club náutico a tomar una copa por ser ese el sitio más recomendado -muy chulo por cierto y con muy buenos Gts-, ¡y no había nadie! Es más, el propio encargado del club, un simpático independentista, nos tuvo que llevar al hotel porque por la noche ¡no existen taxis en Llançá!

La sala de Miramar es bastante grande, con una decoración moderna pero sobria. Unos grandes ventanales dan al paseo marítimo por lo que las vistas son bonitas. Lógicamente las mejores mesas son las pegadas a los cristales pero tienen un inconveniente y es que la gente de la calle pasa justo al lado tuyo –la sala está a ras del suelo- por lo que todo el mundo se para a mirarte cenar.

Nosotros fuimos a cenar un viernes y el ambiente de Miramar era desolador: solo 9 clientes. De hecho cuando entramos nos quedamos sorprendidos porque había diez camareros esperándonos. Casi todos los clientes eran franceses por lo que cuando nosotros llegamos sobre las 21:45, ellos ya llevaban una hora cenando. Eso provocó que a las doce de la noche nos quedáramos totalmente solos.

Debido a los pocos clientes que cenaban, el silencio era sepulcral.

Y es en este punto cuando tengo que hablar del servicio, un servicio que desgraciadamente arruinó la cena. Lo separo del resto de la crítica por si alguien quiere saltárselo debido a su extensión, pero aviso que es esencial saber lo que me pasó para entender que puntúe tan mal a Miramar.

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EL SERVICIO QUE ARRUINÓ LA CENA

El Menú Degustación de Miramar consta de más 30 platos (muchos de ellos simple bocados) por lo que lo normal es que el ritmo del mismo sea relajado y dure sus 3-4 horas como ocurre en cualquier restaurante de nivel como Celler, DiverXo o Azurmendi.

Pues bien, por el motivo que fuera, esa noche parecía que los camareros, con el jefe de sala a la cabeza, querían irse a sus casas lo antes posible ya que nos metieron un ritmo tan rápido al menú que llegó a ser insoportable. Para que os hagáis una idea, nos sentamos a las 22:00 y a las 23:30 estábamos llegando al final del menú cuando ese menú es para estar cenando hasta la 01:00.

Otro detalle. En este tipo de menús tan largos a mí me gusta salir a fumar de vez en cuando, previo aviso a cocina para no romper el ritmo. Es mi modo de reposar la comida, tomar aire y disfrutar más del menú. Pues bien, cuando llevaba una hora de cena y empezaba a estar agobiado, avisé que quería salir a fumar y el jefe de sala me dijo que no podía porque los 7 platos que aun nos faltaban ya estaban preparados y que por tanto me tenía que meter todo el menú del tirón hasta los postres. Me sentí encerrado en Alcatraz.

Respeté lo de no fumar y fui al baño y de camino me encontré a Paco Pérez, el chef y un tipo realmente encantador. Le saludé y le comenté lo del agobio de ritmo y que no pudiéramos ni salir a fumar. Su reacción fue de absoluta indignación para con su servicio por semejante prohibición. Como es lógico, me dijo que el ritmo lo marca el cliente y que aquí se viene a disfrutar y no a sufrir y que por supuesto podía salir a fumar cuando quisiéramos. Entre tanto debió meter buena bronca al jefe de sala que desde ese momento pasó a ser encantador.

Y digo lo de “pasó a ser encantador” porque la rapidez del servicio no fue lo único malo del servicio sino que percibimos una excesiva sequedad en el jefe de sala. Te hacía sentir incómodo. Llegó incluso a reñirnos por no comer lo suficientemente rápido uno de los platos. Vamos a ver. Primero, no estamos en un concurso de Texas de ver quién come más perritos en 1 minuto. Segundo, no hace falta que nos riñas como si estuviésemos en el cole. Tercero, habernos avisado que era tan necesario comer rápido esos bocados. Cuarto, si no paras de traerme platos, entenderás que tengo que inventarme pequeñas pausas si no quieres que vomite la cena.

Por otro lado, esa sequedad se traducía en una absoluta desgana a la hora de explicar cada plato, lo que hacía que no te creara ninguna ilusión en probarlo. Se limitaba a decirnos “este plato es la zanahoria” y se iba.

En conclusión, esa rapidez de servicio, ese trato serio y borde, esos ojos de los camareros en nuestras nucas observándonos y el silencio sepulcral, me arruinaron la cena.

¿Pudo ser una mala noche del servicio? Seguramente. Pero lo platos rotos los pagué yo y me tengo que joder. 700 kms, una pasta gansa invertida para conocer Miramar, y un mal servicio me arruina la experiencia. Da mucha rabia.

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Tras todo este rollo que veo necesario contar, voy a intentar centrarme en la calidad de la comida insistiendo en que mi opinión está contaminada por lo antes explicado y porque al final estaba tan jodidamente lleno que no pude saborear ciertos platos.

Aunque puedes comer de carta, hay que tomar su menú degustación (140 €) que va cambiando según la época del año por lo que nosotros estrenamos el menú “entorno y consecuencias 2014” que es con el que se jugará las estrellas en 2015 –ya sabéis que la guía michelín se cierra en junio aunque los premios se den en noviembre por lo que este menú determinará las estrellas que Miramar reciba no en 2014 sino en 2015-.

La presentación de los platos es de matrícula de honor. Platos realmente bonitos servidos de una forma tremendamente original. A mí me encanta el paripé y Miramar cumplió mis más altas expectativas. Se dice que Miramar en este aspecto de cocina vanguardista representa lo más parecido a lo que fue el Bulli. Queda lejos del disfrute que suponía la casa de Adriá pero tiene cierto aire.

Respecto al sabor de los platos, varias veces sentí que el sabor realmente no estaba a la altura de la presentación.

El menú empieza con tres snacks: un saco de maíz envuelto en plástico comestible que resultaba insípido; un cronut de frutos secos que no dice nada; y un cochinillo y pipas que fue lo mejor, muy rico.

Pasamos al primer acto, la huerta.

Empieza con un plato donde aparecen diversos bocados: guisante, fresa, ajoblanco, patata asada, pimiento piquillo, jengibre. Ninguno me pareció especial. Muy normalito.

Pasamos al plato de melón que se acompaña de unos trocitos de sardina que le venían muy bien pues sino solo sabría a melón. Igual ocurre con el plato de zanahoria. Presentado muy bonito pero su sabor es el de una zanahoria y esta hortaliza no destaca por su gran sabor. Me recordó al puré de zanahoria que me daba mi madre de pequeño y yo no quería comer.

El siguiente plato es la Regina. Como no te explican una mierda de cada plato, no supimos muy bien qué llevaba pero parecía un trozo de burrata servida a modo de pizza a una temperatura muy fría. Sin más.

Lo mejor de la huerta fueron sin duda los garbanzos acompañados de una deliciosa salsa que, como todo aquí es un misterio, no te decían de qué era.

El siguiente acto es el mar.

Empieza con otro plato que lleva 8 bocados: almejas, cañailla, bogavante, concha fina, quisquilla, hígado de rape, tiradito, pescaíto.

Obviamente, la calidad de cada pieza es máxima pero no me pareció nada especial. No me vale con que me pongas una concha fina que solo sepa a eso. Haz como en Espai Kru (Barcelona) donde también comes marisco pero con un sabor totalmente sorprendente.

El siguiente plato es el langostino Bangkok. Langostino gordo de excelente sabor pero que no sorprende.

Mucho mejor el atún en su escabeche. Plato delicioso que recuerda al mejor usuzukuri de toro de Kabuki.

La pura gamba es otra de esas cosas que dices: sí, muy bonita presentación pero al final me estás dando una simple gamba roja cruda.

Y acaba este acto con la kokotxa que tampoco me dijo nada.

El último acto, al que llegamos muy asfixiados por tanta rapidez en el servicio, es el bosque y sin duda fue el que más me gustó.

El primer plato lleva estos bocados: un taco de bosque, un nem, un nigiri, un mollete ibérico y un pollo con setas. Aquí sí, plato de nivelazo.

Sigue con un rico mar y montaña y luego llega un huevo benedictine realmente delicioso.

Riquísimo también el plato de remolacha.

El penúltimo plato es un rissoto también muy rico y acabas con un queso de buey que es un mini steak tartar con queso. Excelente final.

Me dio mucha rabia que a esta parte del menú, que era espectacular, llegara ya al límite de mis fuerzas por haberme servido los 30 platos anteriores en 90 minutos.

Los postres no son nada especial pero sí ligeros y refrescantes, algo que se agradece. Flojo el hot dolç y ricos el merengue-limón y la kriptonita.

Para acompañar el menú, pedimos que nos hicieran un maridaje y el sumillier lo bordó. Un diez para él. Salió a 45 € por persona y pudimos probar un Riesling espectacular, un rico Godello, un excelente vino del Empordá de la bodega Perelada “Malaveïna 2010” y una riquísima Garnacha también de Perelada. Precio muy correcto el del maridaje aunque de aperitivo nos metieron un Xerez a 9 € y una copa de champagne a 14 €.

Intento olvidarme del servicio para poder opinar solo de la comida pero no lo consigo. Una verdadera lástima porque el trabajo de Paco Pérez seguramente se merecía una mejor puntuación. Desgraciadamente yo me limito a contar experiencias y no me sobra el dinero como para volverme a gastar más de 400 € en dar una segunda oportunidad a Miramar.

En general el menú es de alto nivel pero de un 2 estrellas yo espero más sabores sorprendentes. Dudo que consiga la tercera estrella.

La cena salió en total a 220 € por persona.

Yo pagué: 220€ | Precio medio: 200€

Fecha de la visita: Julio 2014