LERA (MESÓN LABRADOR)

EL TEMPLO DE LA CAZA

Castroverde de Campos (Zamora) Tlf: 980 66 46 53 Web: http://www.restaurantelera.com/inicio.html
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Hay ciertos restaurantes que todo amante del yantar debe probar al menos una vez.

Lo normal es que sean sitios con estrella michelín (véase Celler Can Roca, DiverXo, Azurmendi, Aponiente, Etxebarri, Elkano, etc) pero también hay otros, pocos, que viven sin estrella y están especializados en algún producto concreto, como por ejemplo D’Berto para comer marisco o Ca Joan para comer buey.

Lera, o Mesón del Labrador, es sin duda el mejor templo de este país en lo que a caza se refiere.

Se encuentra a unos 260 kms de Madrid, tomando la salida 234 de la A6 y luego continuando por una recta interminable que cruza los campos de Zamora, con un precioso paisaje de la España profunda.

El pueblo se llama Castroverde de Campos. Tiene 300 habitantes y está en medio de la nada, con cierto aire de pueblo fantasma.

Sobra decir que el único fin de visitar este pueblo es comer en Lera.

Para dormir, la opción es la Posada Senda los Frailes, un acogedor hotelito muy bien puesto a unos 68€ la doble. http://www.posadasdecastilla.com/posada.php?idm=2&cProv=6&cPos=81

Ya que hay que hacer bastantes kilómetros hasta llegar aquí, el plan perfecto es salir de Madrid un sábado por la mañana, llegar a comer a Lera, estar ahí de comilona y copas toda la tarde, paseo para descansar un poco en la Posada, volver a cenar a Lera y domingo ya vuelta a Madrid. Ojo que si vais solo a comer, suele haber controles de alcoholemia a la salida del pueblo.

Plan perfecto para amigos o grupos de parejas.

La fecha perfecta para ir es en invierno, en época de caza. Con un frío de cojones y el silencio del pueblo por la noche, este plan se hace más auténtico.

Pero no creáis que solo de caza vive Lera, ya que si vais en otra época –abre casi todo el año- podéis probar, aparte de la caza que hay todo el año como pichón, platos de setas y verduras, cangrejos, etc. Ojo a la codorniz que preparan en septiembre-octubre; no la he probado pero la consideran uno de sus platos estrella.

Al frente de este restaurante está Luis Alberto Lera, un tipo joven que es un crack, tanto en la cocina como en persona.

Permitidme esta reflexión:

Estamos en un momento en el que los chefs cada vez se creen más estrellas de rock, donde parece que ya se ha olvidado que el que paga es el comensal, donde parece que hay que comer la polla al chef y donde a veces hay que someterse a tantas reglas que ir a un restaurante parece ir a un Internado. Mismamente un amigo me contaba que en Montia (que está en El Escorial y que por tanto te puedes perder para encontrarlo) no le dejaron cenar porque un sábado noche en vez de a las 21:30 no podía llegar hasta las 22:00. Recuerdo El Bulli, que daba mil vueltas a todos estos nuevos restaurantes, donde podías llegar tarde y jamás te echaban del restaurante, donde el cliente era lo absoluto primero.

También estamos en un momento, sobre todo en Madrid, donde cada vez te meten mayores hostias en la cuenta. Hoy ya una cena muy normalucha con vino sale a mínimo 50€ casi en cualquier sitio. El más tonto hace relojes.

Afortunadamente aún quedan tipos humildes como Alberto quien asume que tiene un restaurante en un pueblo perdido de la mano de Dios y que valora a aquel que se hace tantos kilómetros con el único fin de comer ahí. En mi última visita no pudimos llegar hasta las 23:00 y nos dieron de cenar igual que si hubiésemos llegado a las 21:00, sin ninguna prisa por cierre de cocina ni camareros deseando que acabes. Un absoluto 10 al trato que recibirás en esta casa.

Y encima el precio es perfecto, no más de 70€ un absoluto homenaje que en Madrid te costaría 160€.

Obviamente ya que se hace el viaje hasta Lera hay que ir dispuesto a meterse un buen homenaje a caza y lo mejor es ponerte en manos de Alberto.

Respecto al restaurante, va a reformarse este 2015 pero hasta entonces es un mesón de toda la vida con dos salas: la primera que es donde está la barra y donde sirven comidas más informales para grupos y familias y el salón del fondo que es donde uno tiene que entrar a disfrutar.

Entre dos, en la última visita probamos:

Aperitivo de una espuma de patata bien cubierta de trufa rallada. Buen comienzo.

Becada escabechada. Un plato que posiblemente solo sea capaz de hacer un tío como Alberto que hace los escabeches –algo 100% español- como nadie en el mundo. No lo tienen siempre. INCREÍBLE.

Judías con liebre. Plato de cuchara absolutamente espectacular. Insuperable.

Arroz con paloma. Rico.

Pechuga de paloma. Marinada y marcada con un toque de plancha. Cojonudísimo.

Pichón. La joya de la corona. Te traen el pichón entero y recomiendo comerlo con las manos. Tiernísimo. Lo acompaña una salsa que es locura. Plato de mojar los pantalones que justifica la visita.

Guiso de perdiz. Difícilmente se puede tomar un guiso mejor.

Becada. Mi pajarito favorito. Perfecto.

Liebre con trufa. Rico.

Pato azulón con chile. BRUTAL. Alberto se atreve a dar un toque asiático a su cocina y sale a hombros de la Plaza.

De postre, el helado de leche de oveja está buenísimo y se agradece para rebajar la comida. Probad también la tarta de queso.

El único fallo de Lera es un carta de vinos demasiado clásica y casi únicamente con referencias de Toro. No obstante, si lo hablas con Alberto y tienes alguna joya de vino en casa, seguro que te permite el descorche.

Como veis fue una burrada de cena que podría hacer pensar que la digestión esa noche sería un infierno pero no. A diferencia de la mayoría de los chefs a los que se la sopla la digestión del comensal –véase Viridiana– aquí Alberto se encarga de aligerar los platos para que luego esa noche en la cama no te acuerdes de su madre y atasques el baño.

En Lera el tiempo no importa, lo único que cuenta es disfrutar, ya sea durante 2, 3 o 4 horas, a tu ritmo.

Otra de las cosas que ocurre en Lera es que lo normal es acabar de sobremesa charlando con el resto de comensales. El salón es muy pequeñito, unas 6 mesas, y como aquí todos los clientes tienen en común ser unos amantes del buen comer, el buen rollo entre las mesas predomina. En nuestra cena, compartimos sala con un loco psicólogo argentino y un músico-psicólogo con los que estuvimos de risas junto a Alberto y Ramón –el camarero perfecto- hasta bien entrada la madrugada.

Sin duda Lera se merece las 10 Lunas por muchos motivos: porque con el boom gastronómico que hay ahora y la cocina moderna llena de fusiones, trampantojos y pollas en vinagreta, hay que comer en sitios tan sencillos pero excelentes como este para poder opinar mejor sobre ese mundo, por la máxima calidad de cada plato, por la dedicación extrema de Alberto, por una caza y unos escabeches insuperables, por su precio, por el trato recibido y porque en definitiva este sitio te hará ser un poco más feliz.

Más pronto que tarde le llegará su estrella. Las Lunas ya las tiene.

 

 

 

 

Yo pagué: 70€ | Precio medio: 60€

Fecha de la visita: Marzo 2015