LA CIGALEÑA

MUSEO DEL VINO CON MUCHO POTENCIAL QUE DESEO SEPAN APROVECHAR

Calle Daoiz y Velarde, 19 Telf: 942213062 Web: http://www.cigalena.com/
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La Cigaleña es un restaurante de los de toda la vida de Santander, que siempre se ha destacado por tener una gran bodega de vinos, de ahí que ellos mismos se denominen “Museo del vino”.

La verdad es que durante muchos años ha pasado sin pena ni gloria hasta que, con todo este boom gastronómico que existe, la gente ha empezado a dar a su bodega más bombo por las redes sociales.

En lo que coinciden todas las críticas de internet, es que es un sitio donde se bebe mucho mejor que se come. De esa manera, para igualar un poco la contienda, están intentando renovar la cocina con platos de autor de la mano de un ex Cenador de Amós.

Pese a esta buena noticia, me temo que este cambio de cocina va a coger por sorpresa a mucho abuelete cliente de toda la vida que ahora va a ver en carta platos como calçots con sashimi de lubina y no va a entender nada.

En mi visita, la clientela se distribuía en un 50% de señores de toda la vida y otro 50% de aquellos que buscan una experiencia especial.

Local muy bonito, al estilo taberna antiquísima con todas las paredes y techos repletos de vinos viejos.

Al frente de la bodega, con más de 1.400 referencias, se encuentra Andrés Conde, considerado uno de los mayores expertos en vino de nuestro país.

En mi única visita resulta que se montó una movida por un comentario que hice sobre Andrés y claro, todos los colgaos a los que desde siempre no caigo bien en Twitter e Instagram por decir mi opinión de los restaurantes sin venderme, aprovecharon la ocasión para saltarme a la yugular.

Comenté que me parecía que Andrés no transmitía y vendía lo suficiente al cliente todo su brillante conocimiento. Al momento salieron los cuatro de turno a decir que nadie como Andrés trasmite lo que es el vino.

Como Twitter lo carga el diablo y no permite explicarse bien, lo hago aquí.

Pese a conocerle de solo una comida, no me cabe ninguna duda que Andrés es un Dios del vino. Lo que ocurre es que he visto a sumillers que, sabiendo una décima parte, se venden mucho mejor frente al cliente.

Os cuento mi experiencia.

Llega Andrés a nuestra mesa y le digo que de beber quiero que nos sorprenda con algún Rioja ya que a mi padre, por vivir allí, le apasiona ese vino y siempre busca probar cosas difíciles de encontrar. También le pedí un Riesling del año 2010 para abajo y muy mineral. Su respuesta fue educadamente traernos el mamotreco de carta. Aquí simplemente aclaro que esto mismo se lo he dicho a otros sumillers y ellos siempre han buscado algo directamente, trayendo incluso varias opciones a elegir, y al final puede gustar o no, pero se sobrentiende que si te dejas en manos del sumiller es el riesgo que corres. Pitu, del Celler Can Roca, es un claro ejemplo de sumiller que te sugiere varias cosas y acierta sin tener que traerte la carta.

Andrés nos sugiere empezar con un Riesling, Dönnhoff 2004, espectacular.

Le pedimos continuar con un Riesling que no baje el nivel. Andrés no entiende eso de no bajar el nivel cuando significa que traiga otro Riesling de ese estilo y fuerza y que no me traiga, por ejemplo, un Dr. Loosen 2014. Andrés nos sugiere cambiar de registro y nos trae un vino ecológico -que precisamente estaban bebiendo los de la mesa de al lado por encontrarse haciendo una cata de vinos de Jean-François Ganevat (Domaine)-. Como ocurre con los vinos ecológicos sin sulfitos, de esos que tanto se beben en Montia, era un vino muy ligero que recordaba a la sidra. Bien, pero por debajo del Riesling claramente.

Pasamos al Rioja. Mi padre le dice que no conoce la bodega Tentenublo y Andrés comenta que, de los nuevos bodegueros jóvenes, es el que mejor lo hace. Lo sugiere. Nos trae entonces un Escondite de Ardacho y sin más. Con una preciosa etiqueta de diseño pero, cosa recurrente en los vinos de estas mismas, les falta la fuerza de un buen Rioja.

¿Qué quiero decir? Pues simplemente que considero que Andrés podría interactuar más con la mesa y sacar a relucir todo ese conocimiento que tiene. Yo me quedé con las ganas de aprovecharle más. Cierto es que los de la cata de al lado absorbían prácticamente toda su atención pero la próxima vez pienso coger a Andrés, darle un presupuesto, y decirle directamente que me elija los vinos que él bebería. Seguramente me diga que para esa elección intervienen muchos factores. ¡Me da igual Andrés! Quiero jugármela contigo y que me sorprendas como sé que has hecho con otros. Y otra recomendación: intentad colgar la carta de vinos en la web del restaurante para poder ojearla tranquilamente desde casa.

En definitiva, que me cayeron bastantes palos de clientes que ya conocen a Andrés y que seguramente siempre que van tienen más atención por esa confianza.

Respecto a la comida, como antes indicaba, parece que está en adecuada progresión.

Le digo a Andrés que nos sugiera platos originales y diferentes. Se extraña por el término original. Ante esa sorpresa, le explico que me refiero a no comerme una cecina de León que ya sé lo que me espera si no poder probar platos más elaborados que el cocinero considere que llevan su sello personal.

Probamos:

Menestra de verduras (15€). Muy buena.

Fabes con erizos (16€). Bien.

Calçot con sashimi de lubina (16€). Muy bueno.

Ravioli de cigala (16€). Rico el relleno y la salsa pero el meterlo en un ravioli restaba en vez de sumar.

Machote a la brasa (22€). Devuelto a corrales por venir prácticamente crudo por dentro. Tuvieron el detalle de, en vez de volverlo a pasar, hacer uno nuevo para que no pierda jugo. Bien.

Pintada de brees (18€). Buena.

Postres correctos como las vigas de chocolate o la tarta de queso (6,5€).

Cuenta final entre cinco a 280€, es decir, 56€ por persona. Buen precio.

¿Se bebe mejor que se come? Pues seguramente, pero yo tampoco bebí también como podría haberlo hecho.

¿Se come bien? Sí pero no como salir deseando volver como me ocurrió por ejemplo al día siguiente en El Hostal (antiguo Anna).

Lo dejo en 6,5 Lunas teniendo potencial para llegar incluso a las 8-9 Lunas.

Yo pagué: 56€ | Precio medio: 50€

Fecha de la visita: Febrero 2016