ASADOR ETXEBARRI

UNA DE LAS CENAS DE MI VIDA

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Aunque no era el turno de escribir sobre Etxebarri, pues aún tengo pendiente de publicar todas mis visitas de este verano de Menorca y la zona del Levante, mi cena del pasado 25 noviembre ha sido tan desfase, que tengo la necesidad de contaros mi experiencia.

Antes de entrar a narraros mi cena, hay varias cosas que es importante saber sobre Etxebarri, de cara a hacer vuestra reserva.

 

Qué es Etxebarri

Etxebarri es el asador más famoso del mundo. Tiene solo una estrella de la farsa Michelin y ocupa el sexto puesto en el ranking The World’s 50 Best Restaurants.

Su éxito radica en que sólo cocina a la brasa, utilizando un excelente producto, que es preparado con diferentes maderas, según convenga a cada uno, buscando siempre que la madera no se interponga en el sabor del mismo.

Al frente de la cocina está Bittor, un ermitaño de su mundo de fuegos y cacharros, para asar y de diseño propio, al que nunca verás subiendo un selfie en IG, posando cual puto sheriff para una revista, o comprándose un traje hortera para ir a la entrega de unos premios.

Y en bodega está Agustí Peris, quien fuera, durante años, sumiller de El Bulli.

 

Cuándo abre

Etxebarri abre para comidas de martes a domingo, ambos inclusive, y solo da cenas los sábados.

Cierra todo agosto y del 24 diciembre al 9 de enero.

 

Cómo reservar

Las reservas se hacen a través de su web, en este link: http://asadoretxebarri.com/es/reservas/

La opción de reservar se abre con una antelación máxima de 120 días.

Debido a su fama mundial, hasta aquí viaja gente desde Australia, Asia, USA o cualquier parte de Europa.

Por tanto, debéis dedicarle cierta atención para conseguir mesa, no siendo un sitio cuya visita puede planearse de una semana a otra. Esto significa que, si eres el típico panoli que dice: “y yo que sé lo que estaré haciendo dentro de 4 meses”, nunca irás.

Para reservar, lo primero que debéis hacer es elegir una fecha a 4 meses vista. En mi caso, decidimos que nuestra visita fuera a finales de noviembre o principios de diciembre, y que fuera cena (recordad que solo dan cenas el sábado), por lo que había que prestar un plus de atención. Y así, siendo nuestra primera opción el 25 de noviembre, simplemente tuve que estar, 120 días antes de esa fecha y a las 00:00 horas exactas, en mi ordenador para pinchar en el link que os he facilitado y listo, reserva hecha ya en el mes de julio, para el 25 de noviembre.

Al reservar, se os cobrará 100€ por barba, que se os descontarán directamente de la cuenta el día de la comida.

Cualquier anulación debe hacerse con 15 días de antelación, de lo contrario, perderás el dinero adelantado de la reserva.

 

Cuándo y con quién ir

Mi recomendación es que, sin duda, la visita sea en una fecha entre finales de noviembre y marzo.

En esta temporada de invierno es cuando mejor producto hay (angulas, marisco, caza, setas) y Etxebarri es un sitio de PRODUCTO.

De hecho, creo que si vas, por ejemplo, en junio, la experiencia puede ser radicalmente diferente al disfrute máximo que supone ir en invierno.

Además, el restaurante y el entorno invitan a ir con frío y lluvia.

A nosotros nos tocó el Gordo, pues hacía frío de pelotas y diluviaba. El camino en taxi, en la oscuridad del paisaje y con el ruido de la lluvia, fue el preludio perfecto de lo que ahí dentro estaba a punto de ocurrir.

Respecto a si mejor ir a comer o cenar, si vuestro único plan del finde es Etxebarri, entonces mejor comer el sábado; y esa noche, si no habéis palmado, podéis ir a cenar a alguno de los asadores que hay por la zona.

Por último, es fundamental elegir bien con quién ir a Etxebarri.

Realmente, no lo veo como un sitio para ir solo con tu novia si lo que quieres es ir a dolor; y es que es difícil que tu novia aguante una comida tan larga, pesada y con tantos platos. Viendo el precio del plan, para que pudiera terminar pasándolo mal, quizás convendría más invertir el precio de ese homenaje en otro tipo de plan o restaurante.

El número ideal de comensales para disfrutar a tope es de cuatro o cinco.

También esa es la cifra perfecta para beber muchos y diferentes vinos.

Y aunque pueda sonar a flipado, el último requisito es que tus acompañantes no vayan a Etxebarri mirando todo el rato la cartera y tocando los huevos. Aquí hay que saber que la comida puede salir perfectamente a 400 o 500 Euros, y todos deben aceptarlo. Por supuesto, no puede haber ningún rarito en el grupo que empiece con que no quiere pagar el caviar, no le gusta el percebe o el erizo o le da asco la ostra. De verdad, desde mi punto de vista, para sacar el máximo partido a Etxebarri, es requisito imprescindible ir a tope e ir con un grupo de máximos disfrutones.

Esto no quita que no se pueda ir a Etxebarri con novia-amigo-amante o con quien se quiera, y tomar solo su menú degustación.

 

Dónde está y cómo ir

Etxebarri está en medio de la nada, siendo Durango el pueblo más cercano, a 20 minutos.

Desde Bilbao, se tardan unos 40 minutos; por tanto, es perfectamente posible ir y volver en coche, pero, para ello, debes contar con alguien que no beba, y perdonad que os diga, ir a Etxebarri y no beber es como ligar una noche con Adriana Lima y decir que no eres de acostarte la primera noche.

Nosotros, que el viernes noche habíamos cenado en Nerua, cogimos para el sábado habitación en el Hotel Elorrio http://www.hotelelorrio.com/

Este es un hotel ubicado en el monte con habitaciones cutres pero correctas; resulta suficiente si lo único que vas a hacer aquí es dormir la mona tras cenar en Etxebarri.

Cuesta 65€ la noche.

Desde el hotel a Etxebarri hay que ir en taxi, el cual te reservan desde el mismo hotel y cuesta 14€.

Si tras la cena no os veis en condiciones para meteros en la cama, como nos pasó a nosotros, podéis decirle al taxista que de vuelta os lleve a algún bar de Elorrio, pueblo que fue una de las cunas de ETA.

Nunca olvidaré cómo nos miraron todos los borrokas cuando, a las dos de la mañana, entramos en el bar del pueblo con nuestros zapatos, camisas y blazers. Parecía que estaban viendo a jodidos extraterrestres llegados de Júpiter.

Ni el ambiente, ni el olor a porro, invitó a tomarse más de una. Tampoco queríamos salir en las noticias y que pensaran de nosotros lo mismo que piensas cuando ves, en el telediario, que al típico turista de turno le ha pasado algo por adentrarse en las favelas de Sao Paulo o por hacer turismo libre por Pakistán, así que ya hicimos andando los dos kilómetros de vuelta al hotel.

 

Mi Experiencia

 

Como antes decía, nosotros éramos tres y elegimos cenar el sábado. Debido a que no hay mucho que hacer por la zona del hotel, y como nuestra idea era darnos un festival legendario, decidimos ir a Etxebarri a las 20:00, pese a que el restaurante no abre hasta las 20:30.

La entrada a Etxebarri os va a dejar atónitos, pues la planta baja es un bar de los de toda la vida, es decir, no os esperéis recepcionista ni lujo alguno.

El servicio corre a cargo de señoras de la zona de toda la vida, al estilo Zuberoa. No veréis trajes de diseño ni metrosexuales. Absoluta vieja escuela donde, si la camarera te quiere que reñir por salir a fumar, lo hará.

En la barra del bar pedimos un par de ricas cervezas artesanales y les dijimos que nos fueran trayendo la carta de vinos.

En Etxebarri, como desgraciadamente ocurre en la mayoría de restaurantes, la carta de vinos no está disponible en la web. Y eso implica que, cuando te sientas en la mesa, en muchas ocasiones, te traen un mamotreto que puedes tardar 30 minutos en ojear, mientras te van sirviendo los snacks. No hay nada que más odie que me sirvan cualquier plato antes del vino.

Por tanto, para evitar eso, nos fuimos estudiando la carta.

A las 20:30 subimos al restaurante. Hay dos comedores, con una capacidad total de 40 comensales.

A nosotros nos sentaron en el comedor pequeño, junto a una chimenea. El mejor sitio de todo el restaurante.

El otro comedor es más grande y menos acogedor.

Decoración típica de caserío vasco.

La clientela es muy variopinta. Aparte de algún asiático que siempre te vas a encontrar, y de americanos, ingleses y demás extranjeros, podrás ver también gente de la zona que lleva toda la vida yendo a Etxebarri, desde antes de que fuera famoso, y que lo siguen tomando como un asador más, donde prefieren beber vino del año, en vez de un Sine Qua Non.

Una vez en nuestra mesa, y estando aún el restaurante casi vacío, llamamos al sumiller, Agustí, para comentar con él qué podríamos beber en nuestro festín. Éramos tres, así que vaticinamos que caerían entre 5 y 6 botellas.

Agustí es uno de los tipos que más sabe de vinos, quizá por eso le notamos algo cansado de la tontería que rodea a todo este mundo del bebercio. También es normal que, tras estar durante 15 años sirviendo vino a miles de clientes, puedas acabar hasta los huevos.

Nosotros le fijamos un precio máximo aproximado por botella, le contamos nuestros gustos, y él nos recomendó cosas que no habíamos probado.

Ponerse en manos de un sumiller siempre tiene el riesgo de que, sirviéndose él mismo de referencia, sin escuchar tus preferencias, escoja vinos que no terminen de ser de tu gusto.

Aunque nosotros bebimos de cojones (ver foto), cuando vuelva a Etxebarri centraré más el tiro en lo que realmente quiero beber. No hay que tener complejos y si, por ejemplo, lo que más te gusta es un Valbuena del 2010, pídelo coño, que este es un sitio para disfrutar con el vino que de verdad te guste.

Aprovechando la presencia de Agustí, le pregunté cuánto había sido lo máximo que había visto beber a alguien, Agustí me contestó que, dos alemanes en El Bulli, se bebieron 12 botellas. Y respecto a mi siguiente pregunta, sobre cuál fue la cuenta más alta que había presenciado, me dijo que una de 250.000 Euros entre cuatro tíos.

Elegidos los vinos, tocó personalizar el menú con Agustí, quien también ejerce de jefe de sala.

De base, Etxebarri ofrece un Menú Degustación a 176€, precio que, por cierto, cada año, va subiendo. Calculo que en 2018 podrá estar ya en 200€.

Y luego hay otros platos, algunos que aparecen en carta como extras al menú, y otros que no aparecen, por lo que o conoces de su existencia o no los pruebas.

De los que sí aparecen, elegimos unos tremendos Percebes (66€) y las Angulas (140€). Es fundamental que las angulas las encargues previamente. Y madre mía ¡cómo están las angulas a la brasa! Uno de los mejores platos de mi vida.

Y de los platos “secretos”, pedimos Chorizo, Caviar, Ostra y Besugo, como sustitución del lenguado, que aparecía en el menú.

Si hubiéramos sido uno o dos más, también habríamos elegido una Langosta.

El Chorizo será el mejor que has probado. Nos invitaron.

El bocado de Caviar a la brasa cuesta 38€ por barba y es un absoluto desfase, un sabor que no olvidaré jamás.

La Ostra (9€ unidad) es enorme y parece sacada de la Era Jurásica. Brutal de rica.

Y el Besugo ha sido el mejor que he tomado a día de hoy.

Todos estos platos extra son absolutamente obligatorios de pedir y, obviamente, incrementarán en 120€ por barba el precio del menú, pero es que venir aquí y no tomar todo esto, no tiene sentido. Por eso, antes os decía que a Etxebarri es mejor ir con amigos que se olviden de preocuparse por su cartera.

Y en cuanto al Menú Degustación, propiamente dicho, todos los platos son absolutamente espectaculares con las siguientes puntualizaciones.

El menú empieza con dos bocados muy contundentes y que, una vez ya los has probado, en una segunda visita, podrían ser prescindibles para así dar cabida a otros platos más bestiales.

Me refiero a la Mantequilla de cabra y Queso fresco de búfala. Están buenísimos, pero llenan mucho. Prefiero quitar de aquí para meter, por ejemplo, una langosta.

El Erizo de mar con caldo de algas, y la Zamburiña, fueron los otros dos platos que no alcanzaron la matrícula de honor del resto.

Y respecto a la Chuleta, estando tremenda, puede que no sea la mejor chuleta que he probado.

De postre, para el recuerdo, el Helado de leche con jugo de remolacha y el Flan de queso, este segundo debes encargarlo previamente, pues no siempre está en el menú.

Fue un menú legendario y muy contundente; pensad que, tras 14 platos, de repente piensas que aun te falta por llegar un besugo y una chuleta, platos que, ya de por sí, serían una cena. De hecho, a uno de mis amigos, tras la chuleta, le entró la misma pájara que a Indurarin en el Tour del 96.

La cena, con 5 botellas de vino y alguna copa suelta, salió a 1.700 Euros entre tres.

El mayor tarjetazo individual que he metido nunca. Pero ¡Bendito tarjetazo!

Entramos a las 20:00 de la tarde y salimos a las 02:00 de la mañana, tras vivir la que ya, siempre será una de las mejores cenas de nuestras vidas.

 

Yo pagué: 570€ | Precio medio: 300€

Fecha de la visita: NOVIEMBRE 2017