AL TRAPO

MUY BUENA "ALTA COCINA INFORMAL" EN EL HOTEL LAS LETRAS. LE FALLA EL LOCAL

 
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Al Trapo está ubicado en el Hotel Las Letras, en la Gran Vía. Pese a su magnífica ubicación, hay que advertir que el restaurante se encuentra en la parte trasera por lo que los grandes ventanales del restaurante desgraciadamente no dan a Gran Vía si no a una callejuela. Es una pena porque un restaurante de este nivel con unas vistas a toda la Gran Vía madrileña habría sido espectacular.

También hay que avisar que, como ocurre en casi todos los restaurantes “de hotel”, el local es algo frío. Está decorado en tonos blancos, con mesas sin manteles y debido a lo amplio del local parece algo desangelado, y eso que este sábado a mediodía estaba bastante lleno. Al fondo del local hay una barra donde se rematan algunos platos por lo que puede ser interesante pedir mesa ahí para ver la acción.

Al mando de Al Trapo está el chef Paco Morales, un cordobés que tuvo en su momento una estrella michelín. Bueno, realmente al mando mando no está ya que su papel más bien es el de “asesor gastronómico”, un papel que se está dando bastante en las grandes ciudades como Madrid que quieren tener, aunque no sea al 100%, a los grandes cocineros de otras provincias.

Aunque como ocurre en estos casos lo normal es que Paco no esté en fogones, el restaurante funciona perfectamente como pudimos comprobar.

La comida que ofrece se define como “alta cocina informal” (típica parida de marketing). Al final lo que realmente significa “alta cocina informal” es una cocina basada en un excelente producto, con preparaciones bastante laboriosas pero que en vez de servirse con la formalidad que puede tener un Santceloni, se sirve de modo informal, es decir, en mesas sin manteles, con platos que se comen con las manos, con camareros jóvenes con los que puedes echarte unas risas, etc.

Y así, siguiendo ese punto “informal”, la carta ofrece un juego divertido al dividirse los platos en secciones: “Para comer con las manos y chuparse los dedos”, “Mar de Meseta”, “Pícaros y picantes”, “Suaves y elegantes”, “De aquí al lado”.

Debo advertir que Al Trapo puede resultar algo caro si tenemos en cuenta que algunas raciones son pequeñas, como los raviolis de manitas de cordero que cuestan 18€ y son 4 raviolis, o el medio croissant de centolla y mayonesa que cuesta 4€ y son 3 bocados. No obstante, los 63€ que yo pagué creo que merecen la pena por la alta calidad de los platos.

Entre 7, probamos lo siguiente (todas las raciones fueron dobles):

Aireados de tortilla española con pimiento verde y anchoa (6€/4unidades-bocados). Buenísimo. Es un simple bocado pero su sabor es brutal.

Bollo preñao con morcilla de Burgos y huevo de codorniz con tocino ibérico (3,5€/unidad). Este brioche, que son 3 bocados, se come con las manos y viene presentado de modo original sobre una cazuelita que le hace guardar el calor. Muy bueno.

Prescindible es el croissant de centolla y mayonesa kimchi (4€/unidad). Viene el croissant espolvoreado con un falso azúcar que luego parece picante pero tampoco lo es. Trampantojo sobre el trampantojo.

Pasamos a uno de los mejores platos, los raviolis de manitas de cordero con salsa Periguex y trufa negra (18€). Para comerse un plato entero y rebañar la salsa.

Pluma de cerdo ibérico macerada con fondo untuoso de jamón ibérico, guindilla y pack-choi (14€). Tiernísima y deliciosa la pluma. Gran plato.

Rabo de toro guisado con caracoles de mar y ñoquis de polenta (14€). Junto a los raviolis, el mejor plato. Rabo espectacular de sabor.

Arroz Arborio de liebre con naranja al cacao y ali-oli de hongos (18,50€). Plato muy curioso por ese toque de naranja y cacao. A algunos nos gustó y a otros su sabor a naranja no les convenció.

Brioche “La France” con papada, cacahuetes y teriyaki (12€). Una absoluta bomba de plato que te puede colapsar las venas. A la pura grasa de la papada súmale el brioche. Bocado delicioso pero excesivamente pesado.

Berza salteada con mollejas de ternera (14€). Las mollejas vienen fritas y la berza crujiente, todo ello con una rica salsa de base. Buen plato.

No sé por qué coño no probamos la paloma torcaz, si bien porque no tenían o porque se nos pasó, pero he oído maravillas de ella.

Antes del postre, pedimos 3 tablas de varias selecciones de quesos (42€ en total).

De postre, y si te gusta mucho lo dulce, no dejes de probar la Leche de soja con jengibre, untuoso de limón, toffé y chocolate blanco (7€).

Otro postre recomendable es Bizcocho molasses, helado de plátano caramelizado, crumble de café y granizado de ron (7,50€).

Sin embargo no me convenció tanto la Calabaza al horno con vinagre y sus pipas (6€).

Con unos ricos bloody mary de aperitivo (10€), cervezas, refrescos, vinos de postre, una botella de blanco Godello Gaba do Xil (16€) y un tinto Pasión (18€), salió a 443€, es decir 63€/barba que, como antes decía, aunque parece mucho, creo que en el global, para todo lo que comimos y bebimos, está bien.

Desde luego que es un sitio para repetir y probar nuevos platos. Si el restaurante llega a dar a Gran Vía y no fuera tan frío, le daba mejor puntuación.

Por cierto, tras la comida puedes pasar al bar del hotel y tomar un buen cocktail o un GT, esta vez sí, con vistas a la Gran Vía.

Yo pagué: 63€ | Precio medio: 50€

Fecha de la visita: 2014